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Una singladura marcada por el dinamismo
Lo que hoy es la Unión Europea nació, en
los años cincuenta del siglo pasado, con la vocación de unir a las
naciones y los pueblos de Europa tras la Segunda Guerra Mundial.
La necesidad de desarrollar sus relaciones
exteriores obedeció sobre todo a dos grandes motivos. A medida que los
seis países fundadores suprimían los obstáculos al comercio interno, se
vieron obligados a asumir colectivamente la responsabilidad de sus
relaciones comerciales con los terceros países. Así nació la política
comercial común, primer ámbito en el que los Estados miembros aceptaron
ejercer conjuntamente su soberanía en favor del interés común. Al mismo
tiempo, acordaron compartir la financiación de parte de la ayuda que
aportaban a sus antiguas colonias, especialmente en África, a medida que
estas accedían a la independencia.
Con la llegada de nuevos miembros, la
Unión ha asumido nuevas responsabilidades y ha debido definir mejor sus
relaciones con el resto del mundo y con diversas organizaciones
internacionales.
La política comercial común es un
componente clave de las relaciones de la Unión Europea con el resto del
mundo. Actúa a dos niveles complementarios: por una parte, en la
Organización Mundial del Comercio (OMC), la Unión participa activamente,
junto con socios de todo el mundo, en el establecimiento de normas del
sistema multilateral de comercio internacional; por otra, negocia sus
propios acuerdos comerciales bilaterales con países y grupos regionales.
Su compromiso es facilitar el acceso a su mercado a los productos de los
países en vías de desarrollo y promover el desarrollo mediante sus
relaciones comerciales.
La asistencia técnica y financiera, que en
un primer momento se concentró sobre todo en África, se amplió en los años
setenta a Asia, América Latina y los países del Mediterráneo meridional y
oriental. En esa misma década, la Unión empezó a prestar ayuda humanitaria
a víctimas de desastres naturales y catástrofes provocadas por el hombre
en todo el mundo.
El comercio y la ayuda no lo son todo
Los acuerdos que la Unión Europea concluye
con socios de todo el mundo no solo tratan del comercio y de la ayuda al
desarrollo tradicional, sino que incluyen asimismo el respaldo a reformas
económicas, la salud y la educación, programas de infraestructuras y, en
algunos casos, la cooperación económica en ámbitos tales como la
investigación y el desarrollo o la política medioambiental. También
ofrecen un marco de diálogo para debatir cuestiones políticas como la
democracia y los derechos humanos. Los acuerdos más recientes incluyen
asimismo una cláusula en virtud de la cual los países signatarios
asociados se comprometen a respetar la no proliferación de armas de
destrucción masiva.
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Una relación larga y sostenida
Tanzania, uno de los países menos
desarrollados del mundo, se beneficia de una franquicia de derechos
de aduana sobre todas sus exportaciones con destino a la Unión
Europea, con la excepción de armas y municiones. Es además uno de
los setenta y nueve países socios de la Unión en el grupo África,
Caribe y Pacífico (ACP) que se benefician del Acuerdo de Cotonú
sobre ayuda y comercio. La Unión Europea es el principal mercado
exterior de Tanzania, absorbiendo más de la mitad de sus
exportaciones, mientras que poco más del 20 % de las importaciones
tanzanas provienen de la Unión, principalmente bienes de capital y
de equipo. El valor anual de la ayuda comunitaria a Tanzania se
cifra en más de 100 millones de euros. Los proyectos financiados por
la Unión se centran sobre todo en las infraestructuras de
transporte, la educación, el suministro de agua, el medio ambiente,
la prevención del sida y el apoyo a la buena gobernanza. |
Una nueva dimensión
En virtud del Tratado de Maastricht,
firmado en 1992, la Unión ha desarrollado una política exterior y de
seguridad común (PESC), que le permite emprender acciones comunes cuando
estén en juego sus intereses. La defensa se está convirtiendo en un
aspecto importante de la PESC en consonancia con el empeño de la Unión en
promover y preservar la estabilidad en el mundo. En cuestiones como el
terrorismo, la delincuencia internacional, el tráfico de drogas, la
inmigración clandestina y otros temas de alcance mundial, como el medio
ambiente, la Unión Europea colabora estrechamente con otros países y
organizaciones internacionales.
La gestión de las relaciones exteriores
de la Unión es un proceso dinámico: al tiempo que configura su propia
política exterior, ha de tener en cuenta diversos factores exteriores,
entre ellos la creciente interdependencia económica provocada por el
efecto combinado de la oleada de liberalización que viven los mercados de
todo el mundo, la revolución global de las comunicaciones y la aceleración
del progreso tecnológico. La Unión ha debido actualizar sus prioridades en
un contexto caracterizado por una fuerte competencia internacional, un
aumento de los flujos de inversión transfronterizos y una creciente
demanda de materias primas, especialmente petróleo y gas, a escala
mundial.
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