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Una política exterior y de seguridad preventiva
La idea de que los Estados miembros deberían actuar de
forma concertada para promover y defender sus intereses estratégicos es
tan antigua como la propia Unión. Se remonta a 1954, cuando los seis
miembros fundadores intentaron en vano de crear una comunidad europea de
defensa. En su lugar, nació la Comunidad Económica Europea.
La actual política exterior y de seguridad hunde sus
raíces en el llamado proceso de «cooperación política europea», que se
puso en marcha en 1970 para coordinar las posiciones de los Estados
miembros sobre las grandes cuestiones de política exterior del momento.
Las decisiones se adoptaban por consenso, pero en los temas más candentes
no siempre fue posible alcanzar la unanimidad requerida, debido a la
disparidad de los intereses nacionales.
A medida que se ampliaba y asumía nuevos ámbitos de
competencias, la Unión Europea ha ido redoblando sus esfuerzos para
desempeñar en el escenario mundial un papel en las esferas de la
diplomacia y la seguridad que esté a la altura de su poder económico. Los
conflictos que asolaron el sudeste de Europa en los años noventa del siglo
pasado tras la desmembración de Yugoslavia persuadieron a los dirigentes
comunitarios de la necesidad de actuar conjuntamente y con eficacia. Más
recientemente, la lucha contra el terrorismo internacional ha reforzado
esta convicción. La política exterior y de seguridad común (PESC) fue
consagrada en 1992 por el Tratado de Maastricht, que definió los tipos de
actividades diplomáticas y políticas que puede emprender la Unión con
vistas a la prevención y resolución de conflictos.
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Reducir el coste humano y económico
Desde 1990, más de 4 millones de personas han
muerto en conflictos en todo el mundo. El 90 % de ellas eran civiles.
Los siete conflictos más sangrientos de los años noventa costaron a la
comunidad internacional 200 000 millones de euros, una suma que podría
haberse utilizado con fines pacíficos. Por ello, la Unión Europea está
decidida a actuar de manera más efectiva para, ante todo, evitar los
conflictos. La política europea de seguridad y defensa (PESD) canaliza
ahora la acción al efecto.
Además de las operaciones de respuesta rápida que
permiten intervenir sin demora en situaciones de crisis, otros de los
cometidos de la PESD son la recopilación y análisis de información,
así como la supervisión de la aplicación de acuerdos internacionales a
fin de anticipar posibles conflictos.
Estas nuevas capacidades refuerzan los instrumentos
de relaciones exteriores tradicionales de la Unión: asistencia técnica
y financiera, respaldo a la consolidación institucional y a la buena
gobernanza en los países en vías de desarrollo, ayuda humanitaria, sin
olvidar instrumentos diplomáticos como el diálogo político y la
mediación. De esta manera, la Unión Europea está preparada para
reaccionar a situaciones específicas en el momento en que surgen,
utilizando la combinación de instrumentos más apropiada. |
Las enseñanzas de un fracaso
A raíz del fracaso de sus esfuerzos diplomáticos por
conseguir la paz en la guerra que siguió a la desintegración de Yugoslavia
y de los sangrientos conflictos que asolaban el continente africano, los
dirigentes comunitarios dieron vía libre, en 1999, a la creación de una
política europea de seguridad y defensa (PESD), que se inscribe en el
marco más general de la PESC. Las primeras misiones militares tuvieron
lugar en 2003 en los Balcanes, escenario de anteriores fracasos
diplomáticos, y en la República Democrática del Congo.
La PESD permite enviar fuerzas militares o policiales
europeas a zonas de conflicto para llevar a cabo misiones de gestión de
crisis, humanitarias y de rescate, de mantenimiento e incluso de
restablecimiento de la paz; también pueden apoyar e impartir formación a
cuerpos de policía locales.
Además, la Unión ha creado una fuerza de intervención
rápida, distinta de la OTAN, pero con acceso a los recursos de esta, que
se basa en el concepto de las denominadas «agrupaciones tácticas». En la
actualidad, la Unión dispone de dos agrupaciones listas para entrar en
acción en todo momento, lo que le permite responder rápidamente, con
medios militares, a una eventual crisis. Ambas agrupaciones son
multinacionales, constan de unos 1 500 soldados y están disponibles
durante un período de seis meses siguiendo un sistema de rotación.
En los últimos años se han hecho diversos intentos para
simplificar el proceso de toma de decisiones de la PESC, pero las
decisiones importantes aún deben adoptarse por unanimidad, lo que no
siempre es fácil, como lo ilustran las profundas diferencias que surgieron
entre los Estados miembros en relación con la invasión de Iraq dirigida
por los Estados Unidos.
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