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Globalización e interdependencia
Como agente en una economía marcada por la
globalización y la interdependencia, la Unión Europea se ve obligada a
recurrir cada vez más a otros instrumentos distintos de los
tradicionalmente utilizados en el mundo de la diplomacia y el comercio.
Nuevas disposiciones internacionales regulan ahora aspectos tales como los
mercados financieros, el empleo, la salud o el medio ambiente. Las
soluciones aisladas no siempre son efectivas; como ejemplo, baste citar
los casos de la energía o el medio ambiente.
Calentamiento global
Existe un amplio consenso en Europa entre gobiernos,
ciudadanos y empresarios con respecto a la necesidad de que la Unión
intervenga inmediatamente para poner freno al calentamiento del planeta,
un fenómeno provocado principalmente por las emisiones de dióxido de
carbono que conlleva la combustión de carburantes fósiles (carbón,
petróleo y gas). Las medidas adoptadas en ese sentido tienen repercusiones
en otros países. La Unión Europea lidera el movimiento internacional en
favor de la limitación de los efectos del calentamiento global, en
aplicación del Protocolo de Kyoto, y se ha comprometido a reducir, para
2008-2012, sus emisiones de carbono al menos un 8 % por debajo de los
niveles existentes en 1990. Además, tiene la intención de reducir sus
emisiones de gas de efecto invernadero en otro 20 %, un porcentaje que
podría incrementarse hasta un 30 % si otros países siguen sus pasos.
La Unión también ha sido pionera al introducir el
primer mecanismo mundial de reducción de las emisiones de CO2 basado en el
mercado: ha fijado límites a la cantidad de CO2 que pueden emitir cada año
un cierto número de plantas industriales, dejando a las empresas libertad
para vender los derechos de emisión no utilizados a otras plantas que
hayan sobrepasado su cuota. Al mismo tiempo, la Unión coopera con países
como China al objeto de encontrar fórmulas que permitan un uso más
eficiente de la energía y una combustión más limpia de los carburantes
fósiles.
Dependencia energética
Lo paradójico es que justo en el momento en que la
Unión se afana por reducir su consumo de energía y promover las energías
renovables, está creciendo su dependencia de proveedores exteriores de
carburantes fósiles. Ello obedece, sobre todo, a la disminución de sus
propias reservas de petróleo y gas. La Unión Europea es el primer
importador y el segundo consumidor de energía del mundo.
En estos momentos, casi la mitad de sus suministros de
gas (el combustible fósil menos contaminante) procede solamente de tres
países, Rusia, Noruega y Argelia, y, de no adoptar medidas drásticas a
corto plazo, su dependencia del petróleo importado pasará de un 50 % a un
70 %. A ello hay que sumar las previsiones que apuntan a un incremento de
la demanda de petróleo y gas a escala mundial, como consecuencia de las
necesidades derivadas de la expansión económica de países como China y la
India.
Redunda, pues, en interés de la Unión Europea reducir
su dependencia de unos pocos proveedores y profundizar sus relaciones
comerciales con aquellos de los que es más dependiente, en beneficio
mutuo. Su estrategia incluye la cooperación en materia de inversiones, la
transferencia de tecnologías, garantías mutuas de acceso a los mercados y
el mantenimiento de relaciones comerciales estables y previsibles con
países como Rusia —gran productor de carburantes fósiles y,
potencialmente, de electricidad— o los países productores de petróleo y
gas de África del Norte, la región del Golfo Pérsico y Asia Central.
La Unión Europea y siete países de Europa sudoriental
han creado una comunidad de la energía en la que las normas del mercado
serán las mismas para todos. La Unión se beneficiará así de una mayor
seguridad en el suministro de gas y electricidad que pasa por esos países,
mientras que estos, por su parte, aplicarán en sus mercados energéticos
las reglas y normas comunitarias, con la consiguiente mejora en términos
de eficacia.
El euro, una moneda internacional
Desde su creación en 1999, el euro se ha convertido en
una moneda mundial, por detrás únicamente del dólar para las transacciones
comerciales y la constitución de reservas de divisas. Incluso ha
reemplazado a la moneda estadounidense en el mercado internacional de
obligaciones, en el que, en 2005, el 46 % de los bonos en circulación se
negoció en euros, frente al 37 % en dólares.
Por mutuo acuerdo, el euro es la moneda oficial de tres
terceros países: Mónaco, la Ciudad del Vaticano y San Marino. En Andorra,
Kosovo y Montenegro se utiliza como moneda de facto y en una serie de
países —la Antigua República Yugoslava de Macedonia, Botsuana, Croacia,
Israel, Jordania, Libia, Marruecos, Rusia, Serbia y Túnez— es una de las
monedas de referencia para determinar la política de tipos de cambio.
Desde 1999, el euro ha consolidado su papel en la
composición de las reservas de divisas de los bancos centrales del mundo,
a expensas principalmente del dólar y del yen. El paso al euro ha sido más
común en los países en vías de desarrollo que en los países
industrializados; las cifras del cuadro abarcan a unos y a otros.
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Uso de las principales monedas en el
mundo
Porcentaje de las principales monedas en las
reservas de divisas conocidas de todos los países.
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1999 |
2005 |
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Dólar estadounidense |
71,0 |
66,5 |
|
Euro |
17,9 |
24,4 |
|
Yen |
6,4 |
3,6 |
|
Libra esterlina |
2,9 |
3,8 |
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Franco suizo |
0,2 |
0,1 |
|
Otras |
1,6 |
1,6 |
Fuente: FMI, Informe Anual 2006. |
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