|
|
Las mujeres aportan estabilidad a un mundo
inseguro
El papel de las mujeres en el fomento de la paz
y la seguridad goza cada día de mayor reconocimiento, como queda reflejado en el
punto de referencia crucial que constituye la Resolución 1325 del Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas —sobre las mujeres, la paz y la seguridad—,
pese a que todavía queda mucho por hacer a todos los niveles para poner en
práctica dicha Resolución. En vísperas del Día Internacional de la Mujer, más de
cincuenta mujeres líderes del ámbito internacional se reunirán en Bruselas para
debatir sobre el papel de la mujer en la estabilización de un mundo inseguro.
En el momento de escribir estas líneas, en la
primavera de 2008, es difícil imaginar un mundo sin guerras. Cada día llegan a
nuestros oídos noticias de nuevos conflictos, de escaladas de tensión y
violencia. En cualquier situación de inseguridad, ya sea una guerra, amenazas
para la salud o el cambio climático, las mujeres suelen verse afectadas de
manera desproporcionada, debido a la posición, tradicionalmente más vulnerable,
que ocupan en la sociedad.
El 80 % de los refugiados del mundo son
mujeres y niños. La frecuencia de actos de violencia sexual y violaciones es
mayor en las regiones en guerra y en los campos de refugiados. No podemos hablar
del papel de la mujer en la resolución de conflictos sin ser conscientes de esta
terrible realidad. Al mismo tiempo, debemos recordar que las mujeres también son
agentes clave en el fomento de la paz y la estabilidad. No es posible mantener
un diálogo eficaz sobre seguridad ni alcanzar realmente dicha seguridad sin la
intervención de las mujeres. La participación de las mujeres es vital tanto en
los aspectos tradicionales más graves de la seguridad —como los esfuerzos por
evitar la guerra, el restablecimiento de la paz, la reconstrucción después de un
conflicto y la lucha contra el terrorismo—, como a la hora de combatir amenazas
menos acuciantes para la seguridad humana —como las epidemias mundiales, las
secuelas psicológicas durante y después de un conflicto o la preocupación
emergente por el cambio climático y la degradación medioambiental—.
El 6 de marzo, más de cincuenta mujeres
líderes procedentes de todos los continentes se reunieron en
Bruselas, invitadas por la Comisaria Ferrero-Waldner, para debatir en torno al
tema «las mujeres aportan estabilidad a un mundo inseguro». Jefas de Estado,
ministras y dirigentes de organizaciones internacionales, líderes de empresa y
activistas de la sociedad civil debatieron acerca de la
seguridad y la capacitación de la mujer, dos temas que van de la mano. Esta
conferencia internacional, destinada a mujeres líderes del ámbito político, se
basa en iniciativas recientes, como el encuentro organizado en Nueva York el
pasado mes de septiembre por Condoleezza Rice, Secretaria de Estado de los
Estados Unidos, o la Cumbre Internacional de Mujeres Líderes para la Seguridad
Mundial, celebrada el pasado mes de noviembre por el Consejo de Mujeres Líderes
del Mundo, en cuyo seno, la Vicepresidenta de la Comisión, Margot Wallström,
preside la Iniciativa Ministerial.
Creemos que la clave para lograr un mundo
estable reside en el desarrollo sostenible. Se trata de estabilizar un mundo
inseguro y encontrar la combinación adecuada entre crecimiento económico y
progreso social, al tiempo que cuidamos del planeta.
Sin educación, no es posible tener
estabilidad social. Sin embargo, en la actualidad, cerca de cien millones de
niños no reciben ningún tipo de educación —de ellos, más de setenta millones son
niñas—. Esto tiene que cambiar.
Otro importante instrumento para estabilizar
el mundo es la Resolución 1325 de las Naciones Unidas, relativa al papel de las
mujeres en el establecimiento de la paz y la seguridad, en la que se vincula la
igualdad entre hombres y mujeres con la seguridad mundial y se reconoce la
importancia de las opiniones femeninas para establecer una paz duradera. Esta
Resolución marca un hito en el camino hacia unos procesos de paz y unas
políticas en materia de seguridad más sensibles por lo que se refiere a las
cuestiones de género. Si bien la puesta en práctica de la Resolución es un
proceso político a largo plazo, requiere que se le preste más atención en toda
la UE, así como en los diversos Estados miembros, sobre todo por parte de los
responsables de la toma de decisiones en los ámbitos políticos de exteriores,
defensa, seguridad y desarrollo. Pese a que, desde que en el año 2000 se
adoptara la Resolución, ha aumentado la concienciación sobre la importancia de
incluir a las mujeres en los procesos de paz y reconstrucción, la aplicación de
su mandato sigue siendo esporádica y ad hoc.
Las mujeres marcan la diferencia, en parte
porque adoptan un enfoque más inclusivo en relación con la seguridad y abordan
cuestiones sociales y económicas clave que, de otro modo, serían ignoradas. Las
mujeres pueden lograr que los acuerdos de paz y los esfuerzos posteriores al
conflicto sean más viables, efectivos y prácticos mediante la participación en
una amplia variedad de acciones, como la intervención en las negociaciones de
paz; la rehabilitación de los niños vinculados a grupos armados; la invitación a
las personas para que dejen de lado los temas del conflicto y traten los
problemas comunes, como el acceso al agua limpia; y la recomendación de
prioridades presupuestarias que hagan hincapié en los servicios sociales por
encima de los gastos militares.
Las mujeres también tienen mucho que ofrecer
en cuanto a la planificación y ejecución de programas de recogida de armas,
desmovilización y reintegración. Las organizaciones de mujeres son muy activas a
nivel comunitario en iniciativas de desarme y de reintegración. Tanto si se
trata de convencer a los que luchan de que abandonen las armas, como de la
recogida de esas armas o de proporcionar ayuda psicosocial a los ex combatientes,
los grupos de mujeres de la sociedad civil como ProPaz en Mozambique o
Dushirehamwe en Burundi están tratando de hacer frente a la proliferación de
pequeñas armas y al impacto y las necesidades de los ex combatientes.
Sin embargo, pese al consenso general para
proteger y capacitar a las mujeres, estas siguen estando marginadas a la hora de
tomar decisiones, así como en las operaciones de establecimiento y mantenimiento
de la paz. La escasa representación femenina en política persiste en todo el
mundo, incluso en Europa. Solo el 6 % de los ministros del mundo entero y el 10
% de los parlamentarios son mujeres, y todos sabemos que el famoso «techo de
cristal» sigue estando ahí, tanto en el ámbito político como en el económico.
Impedir a las mujeres que participen
plenamente en las instancias de toma de decisiones supone una importante barrera
para el logro de los objetivos de la Resolución 1325. Hay, además, un problema
muy extendido, que consiste en considerar a las mujeres simplemente como
víctimas y no reconocer su potencial como participantes activas en el proceso de
construcción de un mundo más estable y seguro.
Benita Ferrero-Waldner, Comisaria de
la UE responsable de Relaciones Exteriores y Política Europea de Vecindad.
Margot Wallström, Vicepresidenta de la
UE y responsable de Relaciones Institucionales y Estrategia de Comunicación.
|