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Proyecto de medidas presentado por
la Comisión destinadas a mitigar los efectos del alza mundial de precios en el
sector alimentario
La Comisión Europea ha aprobado hoy una Comunicación en la que se
establecen las posibles medidas políticas tendentes a mitigar los efectos del
alza mundial de precios de los productos alimenticios. El documento será
debatido por el Consejo Europeo de los días 19 y 20 de junio. En la Comunicación
se analizan los factores estructurales y cíclicos y se propone una respuesta
política en tres puntos, incluidas medidas a corto plazo en el contexto de la
revisión de la situación de la política agrícola común (véase
IP/08/762) y en la supervisión del sector al por menor; iniciativas para
aumentar el suministro agrícola y garantizar la seguridad alimentaria, incluida
la promoción de nuevas generaciones de biocombustibles sostenibles; e
iniciativas para contribuir al esfuerzo mundial para abordar los efectos de la
subida de precios en las poblaciones pobres.
José Manuel Barroso, Presidente de la Comisión ha declarado: "La Unión
Europea ha reaccionado rápidamente al alza repentina de los precios de los
alimentos. Estamos ante un problema cuyo origen es múltiple y cuyas
consecuencias son numerosas. Hay que actuar, pues, simultáneamente en varios
frentes para abordarlo. Las posibles respuestas políticas que ponemos hoy encima
de la mesa complementan las medidas que ya hemos adoptado. La Comisión invita a
los Estados miembros a dar una respuesta europea conjunta a este reto mundial.
Coordinaremos nuestra respuesta con nuestros socios internacionales en el marco
de la ONU y del G8".
¿Por
qué han subido los precios de los alimentos?
En
la Comunicación se examinan las razones que subyacen a la reciente alza de los
precios de los productos alimenticios tanto en la UE, como a escala
internacional. El aumento se ha producido tras treinta años de tendencia a la
baja de los precios agrícolas. Los últimos datos muestran una disminución de los
precios máximos de la mayor parte de las mercancías experimentados a principios
de 2008. Entre los desencadenantes estructurales de la subida de precios de los
productos alimenticios cabe citar un aumento constante de la demanda tanto de
los alimentos básicos, como de los alimentos de mayor valor añadido,
particularmente en numerosas economías emergentes, así como un crecimiento
general de la población mundial. El alza de los costes energéticos está teniendo
un fuerte efecto en el precio de los productos alimenticios, particularmente al
aumentar el coste de los insumos, como los fertilizantes nitrogenados, cuyo
coste se ha incrementado un 350% desde 1999, así como los costes del transporte
cada vez mayores. El crecimiento del rendimiento de las cosechas ha
experimentado una desaceleración y han surgido nuevos mercados de productos
agrícolas. Entre los factores coyunturales cabe citar cosechas más bien escasas
en diversas regiones del mundo, un nivel de existencias históricamente bajo, la
depreciación del dólar americano y restricciones a la exportación para diversos
proveedores tradicionales del mercado mundial. La especulación ha amplificado la
volatilidad de los precios subyacentes.
Efectos en la
UE
En la UE, el alza de precios de los
productos básicos ha contribuido al aumento de los precios de los productos
alimenticios y a la inflación general, aunque sus efectos en los precios al por
menor se han visto limitados por la apreciación del euro, la disminución del
porcentaje de las materias primas en los costes de fabricación de los productos
alimenticios en comparación con la energía y la mano de obra, y el escaso
porcentaje que suponen los productos alimenticios en el gasto medio de las
economías domésticas. Sin embargo, los efectos se han sentido con más fuerza en
unos Estados miembros que en otros, y han sido más graves en las economías
domésticas de renta más baja. Mientras que los agricultores se han beneficiado,
los ganaderos se han visto afectados por la subida de precios de los piensos.
Efectos mundiales
Los países en vías de
desarrollo que son importadores netos de productos alimenticios han recibido el
golpe más duro, mientras que los exportadores netos se han beneficiado en líneas
generales. Si bien es cierto que la subida de precios no ha acarreado aún una
escasez de productos alimenticios, no lo es menos que dicha subida ha provocado
en los más pobres del mundo mayor pobreza, desnutrición y vulnerabilidad frente
a nuevas perturbaciones exteriores. Sin embargo, a medio y largo plazo, la
subida de precios podría ofrecer nuevas oportunidades de obtención de ingresos a
los agricultores de los países en vías de desarrollo y podría favorecer la
contribución de la agricultura al crecimiento económico.
Tendencia
futura
En relación con los precios máximos
alcanzados recientemente, éstos han comenzado a disminuir, por lo que la
Comisión espera que se mantenga esta tendencia y los mercados se estabilicen.
Sin embargo, esta Institución no espera que se vuelva a la situación de bajos
precios del pasado.
La
respuesta política
La respuesta política de tres puntos que la Comisión propone hoy se compone de
las siguientes medidas:
- 1) A corto plazo: revisión del estado en que se halla la política agrícola
común (véase
IP/08/762) y supervisión del comercio al por menor en el marco de la
revisión del mercado único de conformidad con los principios de competencia y
del mercado interior.
- 2) A más largo plazo: iniciativas tendentes a incrementar el suministro de
productos agrícolas y a garantizar la seguridad alimentaria, en especial la
promoción de criterios sostenibles en relación con los biocombustibles y el
desarrollo de nuevas generaciones de biocombustibles en Europa y a escala
internacional, así como la consolidación de la investigación y difusión de los
conocimientos en el sector agrícola, especialmente en los países en vías de
desarrollo.
- 3) Iniciativas tendentes a contribuir al esfuerzo global de abordar los
efectos de la subida de precios sobre las poblaciones pobres, en particular las
siguientes: respuesta internacional mejor coordinada ante la crisis alimentaria,
sobre todo en el marco de la ONU y del G8; continuación de una política
comercial abierta que ofrezca a los países más pobres del mundo un acceso
preferencial al mercado de la UE; respuesta rápida a necesidades humanitarias
inmediatas; ayuda al desarrollo destinada a proyectos a más largo plazo al
objeto de revitalizar la agricultura de los países en vías de desarrollo.
En líneas generales, la Comisión continuará supervisando activamente la
situación y seguirá adaptando las políticas en función de las nuevas
circunstancias que vayan surgiendo.
¿Debería la UE
renunciar a sus objetivos en materia de biocombustibles ante el alza de precios
en el sector alimentario?
En 2007, el Consejo Europeo fijó un
objetivo en materia de biocombustibles en el sector del transporte, y en enero
de 2008 la Comisión presentó una serie de propuestas para llevar a la práctica
dicho objetivo. Nunca se ha pretendido alcanzar un 10% de biocombustibles a
cualquier precio. El objetivo es lograr un 10% de biocombustibles bajo
condiciones estrictas. Estas condiciones se refieren a un proyecto de
sostenibilidad realizable y sólido, así como a la viabilidad comercial de los
biocombustibles de segunda generación. Este proyecto de sostenibilidad de la UE
se está debatiendo actualmente en el Consejo y el Parlamento Europeo. Será el
primero de este tipo en el mundo. El proyecto, que deberá ser sólido y viable,
habrá de garantizar una producción carente de efectos secundarios perjudiciales.
Con independencia de que se alcance o no el objetivo de la Unión del 10%, la
producción mundial de biocombustibles seguirá incrementándose. La mayor
contribución que puede hacer Europa es hacer todo lo posible por demostrar la
posibilidad de funcionamiento de un proyecto de sostenibilidad y por asegurar
una rápida transición a la nueva generación de biocombustibles. En el sector del
transporte la única alternativa existente hoy en día a los combustibles fósiles
no sostenibles son los biocombustibles. El objetivo de la UE en materia de
biocombustibles sostenibles desempeña un papel decisivo a la hora de permitir a
la UE reducir sus emisiones de CO2 en un 20% para 2020.
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